Santiago, 22 de Abril de 2012
Mi estimado:
Lamento que mi reciente alejamiento a la literatura y mi falta de diálogo con el lápiz últimamente, no me permitan escribirle tan bonito como se merece, pero haré mi mejor esfuerzo por transmitirle esto tan especial que usted me inspira.
Le cuento que desde que le conocí, me pareció un hombre excepcional, aunque nunca le miré con otros ojos hasta aquella noche en la que descubrí que usted era un gran besador, llevándome una gran sorpresa, pues jamás imaginé encontrarme en dicha situación con su persona.
Quiero confesarle que esa noche usted me flechó, quizás no lo notó pues mis mejillas delatoras se encontraban anónimas tras un antifaz, o tal vez si lo hizo, cuando seguramente sintió una risita ahogada en mi barriga, en aquellos momentos cuando juntamos nuestros cuerpos en una especie de abrazo para contonearlos al ritmo de las cumbias en aquella fiesta universitaria donde el Ello se hizo respetar.
Yo no se si usted habrá sentido lo mismo, pero de todas formas quiero extenderle la invitación a escudriñar en mi mente y mi memoria, pues es el anhelo de mi corazón poder darme a conocer ante usted, y que se de cuenta que estoy dispuesta a hacerle muy feliz.
Si no tiene problemas, también me gustaría poder conocerle y seguir descubriendo acerca de sus cualidades, sin ningún compromiso, dado que mi intención es descubrir un nuevo universo.
Humildemente solicito un poquito de su buena onda y su amistad, me imagino que podríamos pasarla muy bien y tener muchos momentos y días que atesorar en el corazón.
Espero que esta pequeña carta haya sido de su agrado, que no le haya quitado mucho tiempo y disculpe las molestias, pero usted me gusta mucho...
Aquella que siempre le mira desde lejos, en los pasillos de la escuela
Giannina.
P.S: Su presencia en mi día, lo mejora completamente, pues gustar de usted hace que me comporte como una quinceañera.
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