Pero en un momento el oxígeno necesitaba renovarse. No quería salir de ahí, me sentía diferente en ese contexto, pero la incomodidad de necesitar aire era más fuerte, comencé a debilitarme, cada vez más y más, hasta que me fue imperioso salir a la superficie. Cuando lo logré, el placer de poder recuperar el aliento fue incluso mayor al que sentí estando en el agua. Volví a mi lugar, y me di cuenta de que por muy cómoda me sintiera, no puedo pretender ser sirena, aunque la verdad, jamás quise serlo...
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