domingo, 10 de julio de 2011

Sirena

Al principio una se sumergió en ese mar, y le encantó. Las cualidades del océano eran tan placenteras, sentir esa sensación de estar en el espacio, en un lugar con distinta gravedad, y nadar. Abrir los ojos y ver figuras medias deformadas, sentir la cabeza abombada, y oídos que apenas pueden percibir ruidos externos a esa realidad. Eso pasó.
Pero en un momento el oxígeno necesitaba renovarse. No quería salir de ahí, me sentía diferente en ese contexto, pero la incomodidad de necesitar aire era más fuerte, comencé a debilitarme, cada vez más y más, hasta que me fue imperioso salir a la superficie. Cuando lo logré, el placer de poder recuperar el aliento fue incluso mayor al que sentí estando en el agua. Volví a mi lugar, y me di cuenta de que por muy cómoda me sintiera, no puedo pretender ser sirena, aunque la verdad, jamás quise serlo...

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